¿Quién de nosotros no ha dicho que si es que sacamos un 13 en una práctica de la universidad y un 11 en el examen final podemos sacar una buena nota al final del curso sin esforzarnos tanto? O más aún: ¿quién no ha hecho cálculos sobre cuántos goles le debemos meter a Brasil para ir al Mundial?

Eso se llama el apelar a la probabilidad y es parte de nuestro sentido común hacerlo en situaciones regulares. Como no tenemos mucha idea de lo que nos puede deparar el futuro, nosotros tendemos a abrazarnos a cualquier probabilidad, por más pequeña de sea, de que algo pase si es que lo deseamos realmente de verdad … o si lo tememos.

dados-full

De esta forma, si es que estamos jugando cartas con nuestros compañeros de la universidad, sólo nos queda un sol de pasaje en el bolsillo  y tenemos un par de cuatros en la mano, aunque no tengamos muchas probabilidades de ganar, nuestro instinto nos dirá:

- ¡Arriésgate! ¡Quien no arriesga, no gana!

Es de esa forma que las industrias de juegos de mesa y de apuestas juegan con nuestra cabeza: porque estamos predispuestos a arriesgar por un beneficio futuro que no es seguro por ningún motivo racional.

¿Cómo solucionarlo?

Siempre que estemos a punto de tomar una decisión, tratemos de abstraernos un momento y hagámonos la pregunta: ¿me va a beneficiar de verdad en algo?

Si es que tenemos una meta, debemos trabajar por ella con responsabilidad y sabiendo que nos va a llevar hacia algo mejor. No debemos creernos los cuentos que vemos en la televisión, donde el más débil termina ganando la copa mundial, ayudado por diferentes personas en los momentos “precisos” de la historia.

La probabilidad es una conjetura con la cual debemos vivir y saber manejar, pero no debemos depender de ella. Recuerda que si quieres que algo ocurra, sólo trabajando por ello lo podrás tener.

Imagen: Google Pages

Blogalaxia Tags: 

Bajar el Audio