Seguro que a la gran mayoría de nosotros nos contaron la historia del Patito Feo cuando éramos niños. O recientemente hemos vivido de cerca el boom de la telenovela del mismo nombre -por cierto, que ahora tiene su versiones mexicana y brasileña-, en el que una niña de anteojos y apariencia no tan “sexy” está secretamente enamorada del novio de la chica más popular de su escuela y busca a toda costa encontrar a su papá.

Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, sobre todo porque en la adolescencia afrontamos grandes cambios físicos y emocionales que casi siempre nos generan incomodidad y, por tanto, vergüenza de aceptarnos como somos. De ahí que seamos potenciales víctimas del llamado “Complejo del Patito Feo”, aunque este también puede darse en nuestra etapa juvenil o de adultos, dependiendo de cómo se encuentre nuestra autoestima en tales edades.

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Dicho complejo recibe ese nombre no necesariamente porque los demás se burlen de “nuestra fealdad”, sino porque así lo imaginamos. Entonces, basta mirarnos al espejo para detestar el tamaño de nuestros ojos, de nuestra nariz o cómo luce nuestro cabello. Al igual que el Patito Feo no soportamos las “acusasiones” y nos aislamos de los otros chicos y chicas sin llegar a darnos cuenta de que el principal  problema está en nosotros.

Padecer el Complejo del Patito Feo también hace que tengamos ideales de belleza y perfección muy elevados, que un buen número de veces no estamos en condiciones de alcanzar, ya sea porque aún estamos en desarrollo o no contamos con el dinero suficiente para invertirlo en nuestros deseos estéticos y afán de impresionar a los demás.

Por ejemplo, si nos sale acné en el rostro no podemos tener de un día para el otro la piel de Nicole Kidman. Primero porque ella ya pasó la adolescencia y segundo porque necesitaríamos de todo lo que invierte en sus cremas y sesiones de peeling, entre las opciones de cuidado facial menos costosas.

Ya que hace algún tiempo también me dio “patitus feitis”, solo les puedo decir que mientras no nos demos cuenta de nuestro potencial y de cómo aprovecharlo los complejos nos manejarán y nos restarán la voluntad de brillar con luz propia. Por ello es necesario aprender a aceptarnos con nuestras cosas buenas y malas, pero sin pensar todo el tiempo en nosotros.

Darle un poco de tiempo a quienes necesitan nuestra ayuda, por ejemplo, en labores de voluntariado, nos permite combatir la mala vibra y elevar la autoestima al sentirnos útiles. Tal vez esa sea una buena alternativa para vencer lo que nos acompleja y a descubrir que siempre podemos convertirnos en cisnes.

Fuente: Familia.cl

Imagen: Toda Mujer es Bella

Tags Blogalaxia: Teens, Salud Emocional, Complejo Del Patito Feo.

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