Cuando llegamos a la secundaria empiezan a llegarnos invitaciones para fiestas en las que, a diferencia de las de la niñez, no hay adultos que se dediquen a vigilarnos todo el tiempo (o por lo menos, su número se reduce considerablemente). Entonces, vamos dándonos cuenta de la importancia de entablar contacto con nuevos amigos y, por supuesto, de expresarnos a través del baile.

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No quiero decir que aprender a bailar sea algo obligado, pues al comenzar la obligación se acaba la diversión. Más bien debemos tomarlo como una actividad que nos ayuda a disfrutar más de la vida, aunque a veces parezca algo muy complicado de realizar, sobre todo cuando pensamos que tenemos “dos pies izquierdos“.

Quienes realmente desean ser buenos bailarines -porque más que una habilidad, es cuestión de gran voluntad- se darán cuenta de que la danza es un proceso que deja más satisfacciones que dificultades, incluyendo la felicidad que produce saber que hemos vencido un reto que antes parecía imposible.

Para los que no somos expertos en el manejo del ritmo y pasos coreografiados, lo mejor es tomar clases de baile grupales. No es necesario conocer a las demás personas. Por el contrario, es recomendable irlo haciendo poco a poco para que ganemos confianza en nosotros mismos. Si nos resulta muy vergonzoso empezar “desde cero” con extraños, antes podemos llevar clases personalizadas para “estar en algo” cuando ingresemos al grupo.

Como se habrá podido dar cuenta, aprender a bailar es una excelente inyección para la autoestima y para lograr ser más sociables, algo que es más fácil durante la niñez y la adolescencia. La cuota de seguridad personal nos la da, por un lado, el desarrollo del ritmo, la coordinación y la agilidad; y por otro, el hecho de que somos conscientes de nuestra capacidad para vencer nuestras dificultades y temores.

Así mismo, el baile es una de las actividades más saludables que existen. ¿Quién no quiere divertirse y relajarse a la vez que quema calorías, mejora su circulación y ritmo cardiaco? Pues la danza reúne todos estos beneficios. Solo es cuestión de elegir el ritmo que más nos guste y empezar a movernos al son de la música.

Personalmente, les recomiendo la salsa, que aparte de tener un gran “swing” tiene muchos pasos en pareja que harán a los tímidos ser más abiertos y seguros con el sexo opuesto. ¡A bailar se ha dicho!

Imagen: Corporate Dance

Tags Blogalaxia: Teens, Desarrollo Personal, Baile.

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