La primera vez que fui a una disco fue cuando tenía 15 años. La verdad es que fue todo un acontecimiento: era el cumpleaños de una amiga mía que estaba en 5to de secundaria a la que conocí porque hacíamos teatro juntas. Me invitó a celebrar su cumpleaños número 17 en una discoteca de un conocido boulevard en la que al parecer permitían el ingreso a menores de edad.

discoteca

Recuerdo que me llené de nervios porque no sabía cómo decirles a mis papás sobre la invitación porque me daba vergüenza que no me dieran permiso. Para mi suerte dijeron que sí, pero  con la condición de que hable con la mamá y el papá de otra amiga de mi promoción (que también estaba invitada) para ponerse de acuerdo en cuanto a la movilidad. Realmente me sentí muy protegida porque los 4 padres se preocuparon mucho por la forma en la que llegaríamos y saldríamos de la disco.

Sin embargo, no todas las chicas tenemos la misma suerte. Yo tengo muchas amigas que hasta ahora no las dejan ir a discotecas, por más que ya tengan 18. Yo creo que para muchos papás es difícil dejar que sus hijas se vayan solas a un lugar como ese porque está lleno de gente desconocida y la imagen que proyecta una disco no es precisamente la ideal (drogas, alcohol, robos, etc.)

De hecho, también tiene que ver con la discoteca a la que vayas. Por ejemplo, yo fui a una que permitía el ingreso a menores de edad, pero hay otras que no, sin contar que no les va a agradar nada a tus papás que vayas si eres menor de edad y que no te dejen entrar.

Otra razón por la que nuestros padres no nos quieren dar permiso es por falta de confianza ante la posibilidad de no saber que no a ciertas cosas o controlarnos con la cantidad de alcohol que compremos en la disco. Para contrarrestar esto, trata de demostrarle a tus padres tu autonomía, tu seguridad y tu madurez.

Imagen: camboya.pordescubrir.com

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