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Siempre nos han dicho que lo más valioso de una persona es su interior. Y creo que de verdad es así. Pero también pienso que a veces nos confunden cuando dejan de lado el tema de la apariencia.

Muchas personas suelen darle la mayor importancia a la parte externa, mientras que otro grupo la deja de lado e inclusive considera negativo que nos preocupemos por ella. Por eso cuando crecemos no nos damos cuenta cuál es la relación entre nuestro interior y cómo nos mostramos a los otros.

Ahora bien, el exterior no sólo se refiere al aspecto físico, sino también a las cualidades que queremos proyectar (que no siempre coinciden con nuestro verdadero modo de ser). Y a partir de él, las personas se forman una primera impresión de quiénes somos y nos tratan según lo que perciben

No obstante, con el tiempo hay cosas que se hacen notar por sí solas y producen la aceptación o el rechazo final. Entonces si aparentamos algo que no es verdad, la decepción de los demás influirá sobre nuestra autoestima y la disminuirá (pues no se siente nada bien ser considerado “el malo de la película”).

Por otro lado, también desde nuestra apariencia física podemos tener una mejor parte espiritual porque al agradarnos en ese aspecto ganamos más confianza para aceptarnos tal y como somos sin necesidad de fingir.

Entonces, el ir al gimnasio (o practicar algún deporte) y preocuparnos por qué ropa, peinado y maquillaje usaremos no es nada superficial. Por el contrario, nos ayuda a definir nuestro estilo y cómo nos relacionamos con las otras personas.

La clave es comprender que lo espiritual se complementa con lo físico y que la apariencia no es un engaño si refleja lo que sentimos de manera espontánea. Es decir, sin mordernos las uñas por si a los demás les gustará o no lo que hacemos.  

Imagen: Terra

Tags Blogalaxia: Teens, Forma de Ser, Apariencia.

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