1malhumor.jpg

Quién no ha tenido un día tan malo que nunca quisiera que haya existido. Peor aún cuando en la memoria de los demás queda algún bochornoso incidente protagonizado por nosotros.

Que nos trague la tierra sería una rápida solución para evitar el terrible dolor de cabeza. Pero como todavía no se ha inventado una aspiradora tan potente, sólo nos quedan dos alternativas: “pasar la página” con tranquilidad o morirnos de rabia, pena y dolor porque nos fue pésimo.

Al menos a nuestra edad, es muy probable que nos comportemos de la segunda forma. El problema es que las malas vibras de nuestro humor se extienden al resto de cosas y luego nos va peor de como estábamos al principio.

No hay claves exactas para controlar esos impulsos negativos. Pero todo parte de que aprendamos a conocernos y saber las cosas que podrían molestarnos o ponernos tristes y desarrollar una especie de método para que no nos afecten tanto cuando sucedan.

Por ejemplo, si tuvimos una discusión con nuestros padres, nada ganamos con gritar hasta quedarnos roncos o sordos por los azotes de puerta. Personalmente, me gusta pensar en un lindo recuerdo o imaginarme a todos en situaciones divertidas para que la reprimenda no me “martille” la cabeza.

Si estamos a punto de golpear a alguien o decirle cosas de las que podríamos arrepentirnos, es mejor cerrar los ojos y contar hasta cincuenta antes de que la cólera nos traicione.

Para desfogar la energía, nada como ocupar las manos apretando una pelota anti-estrés o haciendo alguna manualidad. Y si hay mucha rabia concentrada, es preferible salir a correr o montar bicicleta (claro, no tan lejos como para exponernos al peligro).

También les recomiendo comer un par de caramelos para que el buen ánimo regrese más rápido. Pero si aún así no les funciona, les recomiendo que vayan al doctor acompañados de alguien de confianza, porque puede tratarse de algo más serio que un simple enojo.  

Imagen: Clarín.com

Tags Blogalaxia: Teens, Salud Emocional, Mal Humor.

Bajar el Audio