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Una de las cosas más divertidas de las fiestas es la hora de la “rumba” o “pachanga”. En otras palabras, el baile general, que hace que movamos el esqueleto al son de contagiosas melodías y animados por el propio espíritu de grupo.Al menos, así debería ser. Pero no todos nos sumamos al baile. Y no es porque no lo deseemos o tengamos una enfermedad que nos impida hacerlo. Sino porque nos da vergüenza de que los demás noten que no sabemos “movernos” y se burlen de nuestro intento de bailarines.

Cuando creemos que tenemos “dos pies izquierdos” para la música, simplemente nos negamos a disfrutar del baile o el hecho de querer hacerlo bien nos tensiona por algo que debería ser muy fluido.

Justo en la fluidez radica la clave de aprender a bailar. En dejarnos llevar por el ritmo con mucha soltura y alegría. Y si no tenemos facilidad para encontrarlo en un principio, con la práctica los resultados serán más que sorprendentes.

Una opción podría ser tomar lecciones de baile. Pero si no contamos con el presupuesto o aún no nos sentimos preparados, podemos comenzar por seguir con las manos y los pies la “tonada” de las canciones.

Luego podemos hacer ejercicios de estiramiento al son de una música lenta o pedir a alguien (que tenga ritmo) nos acompañe en la canción hasta ir entrenándonos en el compás de géneros más rápidos.

Es de gran ayuda mirarnos al espejo cada vez que ensayamos y ver videos de coreografías para darnos una idea de cómo acoplar los pasos. Pero no hay que sentirnos desalentados si no podemos copiarlas, ya que esos bailarines son profesionales y también les ha tomado esfuerzo para que todo salga a la perfección.

Cuando nos sintamos más seguros de nosotros mismos, la vergüenza irá quedando de lado casi sin que lo notemos y en su lugar tendremos mucha satisfacción y ganas de superar nuestros movimientos cada vez más. Así que un poco de constancia, buen ánimo y a ¡romper la pista!

Imagen: IH Riviera Maya

Tags Blogalaxia: Teens, Consejos, Aprender A Bailar.

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