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Jun 21 2008 |
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Esa típica situación se conoce con el nombre de bochorno y se manifiesta -como hemos podido darnos cuenta- en los pómulos enrojecidos y un intenso calor que suele extenderse a otras partes del cuerpo, como el pecho, el cuello y las manos. Cuando pasa algo que nos hace sentir vulnerables y de lo que no podemos escapar, nuestro cuerpo transforma esa emoción en una reacción física que ocasiona que nos suba la presión y la sangre se concentre en la cara. El motivo más común del bochorno es la vergüenza. Pero también ocurre por una fuerte rabia o ataque incontrolable de risa. Y algunas veces, como producto de la menstruación, el embarazo o una enfermedad del sistema circulatorio. Debido a que este proceso es “automático”, no podemos hacer nada por impedirlo. Y en muchos casos, el sentir que todas las miradas se concentran en nosotros hace que lo “rojitos” nos dure más tiempo. Sin embargo, lo que sí podemos hacer -al menos si no se trata de un malestar físico- para que no se prolongue el mal rato es relajándonos. Para ello debemos respirar hondo, concentrando el aire en el abdomen y botándolo por los pulmones. Y ante una situación embarazosa, aprendiendo a “tomarnos el pelo” para que los demás no se rían de nosotros, sino con nosotros. Imagen: JDEdwards System Administration Services |
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